La búsqueda de la felicidad es uno de los caminos y aspiraciones más transitadas por el ser humano. Desde que nacemos se convierte en un objetivo prioritario para todos, y en la búsqueda por ser felices, muchos empeñan su vida, sus proyectos personales y profesionales, con mayor o menor éxito, empleando mucho tiempo y recursos en el camino.
Sin embargo, a veces confundimos la felicidad como un concepto idílico, donde lo que somos, lo que tenemos, lo que soñamos, y lo que proyectamos, debe coincidir con cánones o estándares artificiales, externos, impuestos. Parece más un concepto de felicidad del “tener” más que del “ser”. Una felicidad aspiracional de largo recorrido, artificiosa y material, en lugar de una felicidad personal, cercana y sobre principios equilibrados. Incluso buena parte del pensamiento religioso común se centra en proponer una vida terrenal de sacrificio y esfuerzo para llegar a un estado divino de felicidad eterna…
Yo propongo un ciclo de felicidad en un formato más asequible y cercano, LA SEMANA. En 7 días, la unidad temporal más familiar y asequible a todos los humanos, es posible conseguir momentos y espacios de felicidad. No es razonable ni rentable vivir permanentemente buscando, trabajando, anhelando ese estado de felicidad utópico que nos permita satisfacción eterna, porque no existe, por mucho que seas, por mucho que poseas, por mucho que representes, por mucho que mandes…
En una semana se pueden combinar de forma virtuosa los elementos básicos del cóctel de la felicidad: esfuerzo, trabajo, sacrificio, voluntad, recompensa, premio, placer, satisfacción, autoestima, etc. Esto sería posible si combinamos momentos en un equilibrio adecuado. Partimos de una premisa fundamental: la felicidad es un estado momentáneo, con mayor o menor intensidad o duración en función de circunstancias personales y contextuales. Esto significa que en una semana, se sucederán de forma sincronizada y ordenada momentos de esfuerzo, trabajo y sacrificio, junto a momentos de recompensa, premio y satisfacción, lo que dibuja un escenario de felicidad contenida en un ciclo semanal.
Pero una semana con momentos de felicidad estaría claramente incompleta si no incluimos acciones que mejoren activamente nuestra salud. Mantener un buen nivel de salud física y emocional es determinante para conseguir momentos de felicidad plena, ya que la enfermedad, es el camino más rápido a la infelicidad, la tristeza y la baja autoestima. Sin embargo, mantener un buen nivel de salud integral supone un esfuerzo diario en lo que hacemos, lo que nos movemos y cómo, lo que comemos y bebemos, y cuánto y cómo descansamos. Es razonable pensar que si estructuramos nuestra semana en un ciclo virtuoso, debemos incluir en el menú hábitos que entrañen esfuerzo y sacrificio, como trabajar, entrenar, cocinar de forma equilibrada, descansar con criterios de calidad, leer, caminar, respirar, pensar, amar, comunicar, etc. Y junto a estas tareas y actividades, debemos procurar otras como la diversión, el ocio, la expansión social, bailar, cantar, salir, comer y beber de forma más relajada, etc.
Una semana puede comenzar cargada de propósitos, como el año nuevo, con los momentos del esfuerzo y el sacrificio, relacionados con el trabajo y el entrenamiento, donde la voluntad firme y el compromiso personal juegan un papel determinante. En este espacio de la semana podemos concentrar aquellos hábitos y tareas que mejoran nuestra calidad de vida, que construyen la parte sólida y equilibrada de nuestros principios vitales: salud, trabajo, estima y equilibrio. Ubicaremos pues en este espacio la actividad profesional, el entrenamiento físico, la nutrición equilibrada y responsable, el descanso óptimo y adecuado a nuestro perfil vital, los cuidados familiares, la actividad doméstica, la responsabilidad social como ciudadanos, etc. Pero la semana debe terminar con el premio, la recompensa al esfuerzo empleado, la liberación emocional merecida por el esfuerzo previo. Esto se traduce en momentos en los que se relajan las normas nutricionales y saludables, y permiten la emocionalidad de la diversión y la socialización.
Un planteamiento práctico y sencillo podría contener un plan semanal en los términos siguientes:

Está claro que no es una fórmula infalible para conseguir la felicidad, pero puede ayudarnos a disfrutar de ciertos momentos de plena satisfacción: como al término de un entrenamiento exigente, en la ducha, donde las sensaciones de fatiga y cansancio se mezclan con sentimientos de autoestima personal de superación de reto. O cuando logramos vencer durante la semana la tremenda tentación de tomar una cañita con su tapa correspondiente al acercarnos a alguna barra de bar. O cuando somos fuertes y no sucumbimos a los encantos hipnóticos de las pantallas de móvil, tablet, tv, etc., los principales “ladrones de sueño” que existen, en calidad y cantidad.
La búsqueda de momentos felices en el marco de una semana es un proyecto posible, no entraña enormes sacrificios, no reporta extraordinarios resultados, pero puedo asegurar que nos regala una buena dosis de equilibrio físico y emocional. Este equilibrio nos permite estar en mejor sintonía interior y exterior, condición imprescindible para conseguir espacios y momentos de felicidad.
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